Les agradezco muchĂsimo el recibimiento tan grato que ha tenido esta saga y es que siempre que me escriben en los comentarios o le dan like para mĂ es una alegrĂa muy especial.
Recuerden que estos episodios siempre estarán gratis y que si son de su agrado los compartan con sus amigos o familiares, pues mi intención es poder llegar a la mayor cantidad de personas posibles.
Sin más por el momento les comparto el episodio número 3.
Disfruten el viaje.
-ÂżY luego?-
Me quedo en silencio mientras miro levemente molesto a Johnny, realmente era más una cuestiĂłn de fastidiarlo que de enojo, pero sabĂa que debĂa darme mi importancia.
-ÂżYa vas a empezar, bocinita?-
Y ahĂ estaba la respuesta a mi capricho, habĂa usado uno de los apodos que más me jodĂan. En la escuela secundarĂa en una ocasiĂłn el desayuno del estofado que ofrecĂan en el comedor me hizo un cierto efecto tal como el pollo con curry que habĂa comido ayer, haciĂ©ndome expedir unas flatulencias tremendamente desagradables asĂ como sonoras, la cuestiĂłn fue que la profesora aquel dĂa me hizo pasar al frente y al levantarme no pude evitar dejar fluir la flatulencia haciendo tremendo estruendo y todos comenzaron a carcajearse en mi defensa solo dije —No…No fui yo- a lo que Johnny añadiĂł —Es la bocinita que tiene atrás- lo que añadiĂł más burlas y que el apodo me persiguiera por el resto de la secundaria.
—Pues estás jodiendo con que solo cuento mierda, ÂżPara quĂ© quieres que prosiga? Además, seamos honestos y serios Johnny no deberĂamos estar más preocupados por no acabar con un montĂłn de agujeros de balas en vez de estarte contando mi romance con Kandy?-
Johnny suspira y refunfuña un momento para despuĂ©s responder —Tu no te preocupes de eso, esos hombres ahorita van a estar muy ocupados tratando de obtener el cadáver de ese tal McReary y despuĂ©s en sepultarlo, es más, te aseguro que estamos solos, si estos son mafiosos amiga, si te quisieran muerto ya lo estarĂas-
—No seas ridĂculo- RespondĂ
—Como siempre con tus negatividades amiga, asĂ nunca vas a llegar a ningĂşn lado pero anda sĂgueme contando lo interesantes que estaban tus putos comics-
—no les digas putos a los comics….RespĂ©talos, son arte. Bueno como sea, Kandy y yo no tenĂamos realmente mucha relaciĂłn, a decir verdad me llenaba de angustia tenerla cerca, sabes que no soy un hombre que sea ciertamente diestro con las damas asĂ que cada vez que la veĂa acercarse lo mejor que hacĂa era irme al sanitario o solo agachar la mirada, y a ella estaba claro eso no le importaba ni un poco. La mayorĂa de hombres de la oficina estaban sumamente ocupados tratando de elogiarla y darle alguna clase de galanterĂa con tal de que salieran con ella, pero siempre tenĂa la misma respuesta, una grande y astuta sonrisa seguida de una caricia por la barbilla para decirles “Eres un loco…Vamos a trabajar mejor”
Para algunos meses despuĂ©s, la esposa de mi jefe directo se embarazo y el tuvo que ausentarse por algunos dĂas para acompañarla en algunas cuestiones mĂ©dicas y entonces fue cuando por primera vez tuve que verme a la cara con Kandy.
Kandy entregaba algunos papeleos a veces a mi jefe y dado que Ă©l no estaba allĂ en teorĂa yo debĂa recibirlos, clasificarlos y almacenarlos a su regreso, asĂ que una tarde poco antes de salir, el golpeteo acelerado de los tacones de aguja que Kandy resonaron por el área, para todos era un espectáculo, ver el cabello flotar, olfatear ese aroma de su perfume o ver sus prominentes caderas contonearse despreocupadamente mientras ella no miraba a nadie.
Dado que mi jefe no estaba habĂa decidido secuestrar la pequeña radio que tenĂa en su oficina y llevarla a mi lugar para poner a un volumen discreto alguna estaciĂłn y como era comĂşn que Kandy pasara de largo me sumergĂ en Paradise City mientras acomodaba algunas facturas y recibos de egresos.
Cuando la tuve frente a mĂ fue una sensaciĂłn complicada, su estrecha blusa permitĂa ver como se movĂa un poco su abdomen al respirar agitada y debido a que yo me encontraba sentado al girar mi rostro lo Ăşnico que quedo frente a mĂ fueron sus dos pechos. Parpadee intentando concentrarme en que decir, pero me fue inĂştil.
-¡Ay tu música de viejito!-
-ÂżPerdona? Es rock clásico…Es de lo mejor…¿Pues que te gusta escuchar a ti?- RespondĂ
—Ay no sĂ©, algo más animado además es viernes o sea en verdad quien se podrĂa poner feliz escuchando eso, pareces de quinientos años- Tras decir esto Kandy echo a reĂr un poco y dándome un leve golpe sobre la cabeza me deja encima de esta el cĂşmulo de documentos y me dice
—Oye…¿Sabes si esto es de ustedes? La verdad es que yo no sĂ© de estas cosas y…Bueno me dio mucha flojera leerlas, tĂş tienes cara de saberlo todo-
Molesto quite las hojas de mi cabeza y las mirĂ© un instante, habĂa algunos documentos que, si eran propios de mi área, pero otros más pertenecĂan a compras y otros tantos eran reportes de ingresos de almacĂ©n que no tenĂan nada que ver, incluyendo folletos de publicidad.
Tras examinarlos rápidamente los clasifique de una manera general para que estuviera cada uno en su rubro y la mire
—¿En serio? AquĂ hay folleterĂa de publicidad…Ya deberĂas saber clasificar esto, la señora Flor solĂa hacerlo rápido, no es muy complicado, mira si lees esta-
—Ay si si…Pero yo no quiero acabar como esa viejita, además que flojera estar leyendo esto ni si quiera lo entiendo ÂżUnidades de procesamiento? ÂżAMD-K6 II? ÂżQuĂ© es eso? Es muy difĂcil para mĂ querido…-
Me levantĂ© con la finalidad de no tener que seguirle hablando a sus pechos y acomodando los documentos a manera de que no perdieran la clasificaciĂłn que habĂa hecho le respondĂ
—¿Entonces como diablos has estado entregando todo esto? –
—Pues es que no lo entrego, la publicidad la hecho al cesto de basura y lo que creo que es importante se las llevĂł a tu jefe o a cualquiera que estĂ© disponible, pero ahorita no hay nadie, mas que tĂş- Tras decir esto Kandy volviĂł a reĂr.
Era una idiota, o una floja, o tal vez ambas cosas, me quedaba claro que no ponĂa ni un poco de empeño en su trabajo, ella solo estaba aquĂ para deleitar la pupila de los hombres.
—Escucha, solo por esta vez te voy a ayudar…Acompáñame y presta atenciĂłn a donde vamos a entregar estas cosas…No tires a la basura los documentos… Por algo llegan aquĂ, que no creas que son importantes significa que sea asĂ…No seas…Bruta-
Kandy frunce un momento el ceño y dándome un fuerte golpe en el brazo responde
—¡oye!¡No soy bruta!…Solo soy flojita…Además, ÂżNos vamos a tardar mucho? Ya son casi las seis…Quede de verme temprano con alguien ÂżPor quĂ© no los entregas por mĂ? –
Kandy podĂa tener un encanto con los hombres, ser como un imán, como miel para abejas pero Kandy no habĂa comprendido que para mĂ a diferencia de los demás, no era estĂşpido y con base en todas mis experiencias pasadas, sabĂa que terminar siendo el perro faldero de una mujer no era una buena idea en lo absoluto asĂ que con firmeza la mirĂ© a esos enigmáticos ojos y respondà —No. Este es tĂş trabajo, no el mĂo, si te estoy ayudando es una cuestiĂłn de compañerismo y aunque me pongas esos ojos de perrito asustado en cruce de avenida no me vas a convencer asĂ que anda-
Kandy cruzo los brazos molesta y refunfuño mientras comenzamos a avanzar. El tour era corto solo habĂa que parar en un par de departamentos y dejar los documentos en los escritorios vacĂos de los jefes que hacĂa un buen rato dejaron su puesto de trabajo con centenares de excusas. Una vez terminados Kandy sonriĂł enormemente y colocando su brazo detrás de mi espalda para darme una palmada
—¡Muy bien! Ves, si era muy fácil, no sé por qué me pediste que te acompañara, lo hubieras hecho tu solito-
Su sarcasmo era tan malo como la sonrisa que fingĂa intentando agradarme y agradecerme, sin embargo lo ignore pensando que tampoco era como que tuviese mucho que hacer y tal como lo habĂa mencionado Kandy, era viernes y lo Ăşnico que me esperaba en mi nueva y temporal casa era ver un par de capĂtulos de mi superhĂ©roe favorito Masked ZX y leer algunos comics antiguos una vez más.
Ambos volvimos al escritorio de Kandy en la recepciĂłn donde con secrecĂa me dice
-Oye…¿Y que hago con todos estos? ¿Me ayudas?-
Tras decir esto Kandy abre uno de los archiveros que estaban en su lugar para mostrarme centenares de documentos y sobres sin entregar, estaba claro que la cantidad de trabajo que tenĂa rezagado era importante y que a largo plazo eso significarĂa problemas y si eso traĂa problemas para la empresa significaban problemas para mĂ tambiĂ©n pues posiblemente se hundirĂa y tendrĂa que volver a buscar empleo asĂ que con pesadez respondĂ
-¿Estas de broma? ¿Desde cuándo acumulas esto—
—Desde que se fue la señora Flor, es que la verdad nunca le puse mucha atenciĂłn y pues dije “si los necesitan me los van a pedir” pero pues nadie me los ha pedido asĂ que supongo que no son tan importantes Âżverdad? –
Era un desastre en potencia, uno que no iba a limpiar o involucrarme asĂ que tan solo rasque mi cabeza un poco antes de responder.
—Necesitas ayuda, en serio chica, pero sabes…Es tu problema, no el mĂo y ya son las seis asĂ que buena suerte-
Justo cuando comencé a caminar Kandy me tomó por el brazo y prácticamente colgándose de él me dijo
—¡No te vayas! ¡Además es nuestro problema! Ya lo viste, eres tan culpable como yo si esto no llega a quien debe…Anda ayúdame cerebrito, tú lo haces ver todo tan fácil…¿Si, amigo?-
Amigo. Palabra de cinco letras más sobre utilizada por cualquier mujer en búsqueda de ayuda o de solución a un desconocido. O por lo menos asà en mi mundo.
Kandy habĂa pisado una mina y no se habĂa dado cuenta, pero tampoco era su culpa asĂ que alejándola de mĂ con cierta fuerza para demostrarle que no jugaba la sostuve por los hombros y con la tenacidad de un macho alfa respondĂ.
—Me llamo Joshua…Y está bien, te voy a ayudar, pero insisto no hoy, te voy a hacer una propuesta y tú vas a pensar en ella ¿Capichi? Cada treinta minutos antes de salir, vas a buscar con mucho cuidado y diligencia todo lo que no has entregado y lo vas a juntar y yo voy a ayudarte a separarlo y tú lo vas a entregar…¿Entendiste?-
Kandy me sujeta las manos emocionada mientras salta y celebra, pero en medio de su fiesta añado
—Pero…A cambio de eso tĂş me tendrás que pagar con eso y no te estoy insinuando sexo antes de que me denuncies con cualquiera por acoso…Piensa en una buena recompensa y dĂmela el lunes Âżte parece?-
—Ay…Hombre tenĂas que ser…Esta bien…Señor viejito-
—No soy viejito, y ya te lo dije, me llamo Joshua. J-O-S-H-U-A-
—Si si…Bueno, no lo tomes a mal pero ya me voy, me están esperando-
Tras decir esto Kandy toma un pequeño impulso y me da un beso en la mejilla, algo no muy comĂşn si es de mencionar en nuestro paĂs. ConocĂa su carácter, su comportamiento e incluso la manera de caminar, era la clásica chica interesada que podĂa capturar a los hombres y volverlos sus bestias, era una domadora de machos; pero era una lástima pues se habĂa topado con alguien invulnerable a todo eso y es que Kandy no conocĂa mi pasado, ya habĂa pasado por todo eso y sabĂa bien que podrĂa terminar lamiendo las agujas de sus tacones mientras ella buscaba su prĂłxima presa, algo que no iba a suceder.
Para no darte gran lujo de detalle, como era de esperarse el lunes a las 17:30 al llegar al escritorio de Kandy, ella se encontraba colocando una gruesa capa de esmalte rojo en las uñas despreocupadamente al haber olvidado lo que harĂamos y tras derramarlo y tener que ayudarle a limpiar el desastre le dejĂ© claro que era la Ăşltima vez y ella rogo para que no abandonara mi labor salvadora a lo que de mala gana respondĂ que sĂ.
ÂżMi motivo? Simple. HabĂa observado que leer la papelerĂa de los diferentes departamentos me daba poder. Me daba la oportunidad de conocer nĂşmeros que a mĂ no llegaban, prototipos de nuevos proyectos e incluso las cantidades de algunos cheques que hasta ahora desconocĂa. TenĂa la oportunidad de volverme un todo poderoso indispensable para la compañĂa.
AsĂ continuarĂa mi labor junto a Kandy por menos de casi un mes durante el cual ella apenas pondrĂa un poco de empeño en aprender el que de cada documento y solĂa desviarse en pláticas absurdas y estĂşpidas como relatarme que no habĂa terminado la universidad y que tenĂa un novio al que ya no querĂa sin embargo que le agradaba por que solĂan tener buenas noches de juergas.
No me importaba. En realidad, creo que una de las cosas que puedo admitir es que mi interĂ©s por Kandy en esos dĂas no creciĂł ni un poco, para mi Kandy no era más que la llave a la bĂłveda de la sabidurĂa y el conocimiento de los nĂşmeros y procesos de la empresa y yo para ella era el tipo que le aseguraba cobrar su cheque una quincena más.
Para mi buena suerte y la mala de mi jefe, su esposa y su hijo morirĂan un par de meses despuĂ©s en un tipo de accidente automovilĂstico del cual no quise interesarme. Como era de esperarse el hombre se derrumbĂł y una mañana de miĂ©rcoles lo encontraron en su casa con un par de agujeros extras en el cráneo dándole un poco de aire a sus ideas.
ÂżEl ascenso? Por su puesto que era para mĂ, no habĂa tiempo de contratar otro gerente y al entrevistarme con el gerente general de la empresa me pavonee luciendo mis bastos conocimientos de la empresa gracias a Kandy dejando anonadado al hombre haciendo que casi se molestara de que no se hubiese muerto antes mi antiguo jefe. En paz descanse, nada personal contra Ă©l.
Para mi mala suerte el ser gerente no siempre hace amigos y además de ganarme el sobrenombre de asalta tumbas, por mi voracidad en trepar a su lugar me quedaba con un montón de pertenencias y objetos personales del ahora occiso, situación que de verdad no me agradaba.
Un jueves por mediados de octubre harto de observar el montón de cosas de mi antiguo jefe decidà remodelar hasta donde me fuese posible la oficina y tomando un par de cajas del contenedor de reciclaje comencé a guardar todo y para comenzar a personalizar mi nueva oficina.
Mientras hacĂa eso fue que escuchando los ahora familiares pasos de Kandy me detuve y me quedĂ© observando en espera de la nueva peticiĂłn por parte de ella.
Al ingresar de inmediato notĂł el movimiento en la oficina y mirando alrededor dice
—Wow…Alguien se toma en serio lo de no quedarse con las cosas del muerto, aunque no te culpo eh querido yo ni loca me sentaba en esa silla, dicen que se te pegan las malas vibras y luego me vaya a querer morir…-
—¿Qué se te ofrece Kandy?- Respondà molesto mientras comenzaba a seguir empacando el restante de los objetos indeseables.
—Ah me mandó a llamarte el jefe, dice que es importante…Ya sabes el jefe “jefe”-
El señor Raziel Zenklov era el dueño y gerente de la empresa, no solĂa salir mucho de su lujosa oficina y cuando lo hacĂa era solo para recibir gente de la alta alcurnia, asĂ como para de vez en cuando pasearse entre los pasillos con una falsa sonrisa recordándonos que nosotros no Ă©ramos más que su granja de hormigas.
—¿Te refieres a Raziel? ¿Te dijo para qué?- Respondà un tanto confuso
—Ni idea…También me pidió que fuera yo-
—¿Le has comentado a alguien de que te ayudaba a acomodar los documentos? Por cierto, sigo esperando esa comida que me iba a pagar por ayudarte…-
—Ay ya se…Pero es que nunca tengo tiempo querido…Ah…ya se, mañana irĂ© a un cumpleaños con unas amigas ÂżPor quĂ© no me acompañas? Si tomas Âżverdad? –
No respondĂ más, no bebĂa ni una gota de alcohol, mi Ăşnico vicio era fumar sin embargo tampoco pretendĂa ir a una fiesta. Odiaba las fiestas y más las que involucraban beber hasta el amanecer y sobre todo con un montĂłn de mujeres me garantizaba que en algĂşn punto de la noche algĂşn hombre intentarĂa llegar a conquistar a Kandy y eso me dejarĂa con sus amigas desconocidas mientras yo solo bebĂa refresco y ellas ya estaban bombardeadas por cientos de chupitos.
—Primero vamos a ver si no nos van a correr de aqui y luego lo discutimos Âżte parece?- Dije mientras sacudĂa un poco mis pantalones y alisaba mi camisa.
Kandy me tomo por el brazo cual si fuese su novio y ambos partimos en dirección de la oficina del señor Raziel. Tras golpear la fina caoba de la puerta este nos permite pasar e ingresamos a la ostentosa y opulente sala.
Dos sillas forradas en cuero tachonado son lo más cercano que estarĂamos de Ă©l quien está sentado cĂłmodamente en una silla ejecutiva de piel fina frente a su escritorio probablemente de roble europeo y que por lo menos tendrĂa veinte o treinta años. La alfombra roja, los muros llenos de excentricidades en libreros y un montĂłn de estupideces era lo que mantenĂa alegre al dueño del piso sobre el que estábamos Kandy y yo y tras un minuto de silencio, el joven y bien parecido Raziel cruzo la pierna y se inclinĂł un poco hacia atrás.
-Bueno pues…DĂganmelo- Dice con su curiosa y galante voz
Ambos nos quedamos mirando un instante y después regresamos la vista a su imagen pulcra y bien parecida del jefe.
-¿Decirle que señor?- Dice Kandy siendo un poco más valiente
-¿Por qué creen que los llame?- Añade Raziel mientras cruza ahora sus dedos y relame sus labios
-¿Alguna falta administrativa?- Digo intentando no quedarme atrás y apresurándome a que Kandy no tuviera algún desliz con la lengua
Raziel rĂe un tanto para despuĂ©s cerrar los ojos y comenzar a hablar
—Cuando mi padre me heredo esta empresa…Les soy honesto, me pareciĂł un fastidio insoportable, como un muchacho de veinticuatro años podrá dirigir algo asĂ, “esto no es para mĂ” pensĂ©; yo querĂa ser cineasta. Eran muchos de los pensamientos que me invadĂan cuando lleguĂ© aquĂ y me sentaba fastidiado a leer informes hasta que un dĂa se me ocurriĂł ÂżY por quĂ© tengo que trabajar aquĂ? ÂżQuĂ© no tengo un montĂłn de dinero para eso? ÂżPara no trabajar? Y entonces me puse a buscar gente que hiciera lo que yo tenĂa que hacer a cambio de una Ănfima rebanada del pastel que yo poseo y que me asegurara que mi pastel se hiciera más grande con el tiempo.
Como ven funciono porque no estoy vendiendo periódicos y por qué dos de esos peleles están sentados frente a mà con cara de idiotas temiendo que les voy a quitar el queso de la ratonera. Ustedes disculparan mi propiedad, pero prefiero hablarles con la verdad.
En fin… Palabras más, palabras menos. Ustedes a diferencia de todo el hormiguero que esta allá afuera sentaditos en sus escritorios esforzándose al máximo mientras por dentro se llenan de rencor por que no están en mi lugar y pensando en que su jubilación será mediocre y que debieron seguir sus sueños de ser actores y no estar haciendo sumas con una computadora para un hombre rico. Ustedes…Hicieron algo diferente.
Algo que en un principio he de confesarles me irrito, de hecho me colmĂł de rabia hasta las pelotas, casi al grado de que estuve a punto de ponerlos en la calle y demandarlos.
Ustedes dos fueron cĂnicos, descarados, arrogantes… TĂş, señorita, convenciste al señor de que te hiciera tu trabajo con que trato no lo sĂ© ni me importa, no me importa si tienen sexo en los baños de esta empresa o si se la chupas en el motel más cercano. Y tĂş por otro lado, gordito, te vi la voracidad en los ojos, te vi devorar con los ojos toda esa informaciĂłn de mi empresa, te vi memorizar y separar las cosas importantes, te vi organizar y guardar lo mejor para ti. –
Cuando escuchĂ© todo eso dicho por la boca del que me paga sentĂ mi cabeza rodar, supongo que no habĂa sido tan astuto como pensaba, sin embargo, mientras me preparaba para vaciar las cajas de mi antiguo jefe muerto y colocar las mĂas el hombre continuĂł
-Y saben que es lo peor…Que me gusto, insisto no me importa el trato que tengan entre los dos, pero tĂş, señor obeso sin esperanzas y sueños. Eres una máquina, eres capaz de distinguir fácilmente lo que al ojo humano le tomarĂa minutos, horas o dĂas, tu necesitas un lugar más alto, tĂş no tienes por quĂ© estar en el telĂłn, no eres un tĂtere, tĂş eres el titiritero…Y tu señorita, eres capaz de convertirte en Afrodita, puedes someter a cualquier u hombre a tu voluntad, tu boca y tus movimientos exhalan poder, exhalan manipulaciĂłn, eres una…bruja, si ese podrĂa ser un buen adjetivo para ti. Ahora bien, que hago con estos dos curiosos personajes…PensĂ©, ÂżLos decapito? ÂżLos encierro? ÂżLos exploto? ÂżO simplemente los dejo ser?
Eso es; mejor los dejo ser. Por quĂ© para que las posibilidades de que dos como ustedes se vuelvan a presentar en esta empresa, coexistan de tal manera y logren lo que están logrando…TendrĂa que ser astronĂłmico, pasar mil años, que la tierra se acabe y vuelva a existir, no los voy a desperdiciar, al contrario, los voy a acariciar, los engordare, los llenare de todo lo que desearon y quisieron y con esa fina cadena de oro que ustedes voluntariamente accederán a ponerse en el cuello ustedes me llevaran hasta donde yo les diga y quiera y ustedes, obedecerán. ÂżQuĂ© les parece? –
Las palabras del hombre eran oscuras y hasta cierto punto demenciales, pero dentro de su demoniaco plan habĂa algo que era verdad; Kandy y yo tenĂamos ciertas caracterĂsticas muy puntuales que nos hacĂan compatibles. Ella era la fachada y yo la máquina, ahora lo siguiente era conocer cuáles eran los más oscuros deseos del hombre, saber para que nos necesitaba tan indispensablemente.
-Me…Me temo que no estoy comprendiendo muy bien señor- Respondà falsamente
Raziel lanza un manotazo contra el escritorio y lleno de ira me grita
-¡Dime la raĂz cuadrada de este nĂşmero!-
En una pequeña hoja de papel se encontraba una cantidad extremadamente grande
1,435,036,026,098,684,342,856,030,763,566,700,000,000,000,000,000,000,000,000,000
Mi mente aterrorizada se defendiĂł automáticamente y dando el resultado correcto el hombre comienza a reĂr frenĂ©ticamente y tras peinar un poco su largo cabello hacia atrás acaricia su barbilla un instante y me dice
-ÂżTodavĂa te preguntas que haces aquĂ? ImbĂ©cil…Desde el lunes ustedes dos trabajan directamente para mĂ en un área especializada, vamos a llevar a esta empresa más lejos de lo que nadie pudo imaginar. Ustedes…Van a hacer mis sueños realidad y los suyos si es que son inteligentes…Pero eso si se los advierto, un paso en falso, un movimiento en direcciĂłn opuesta a mĂ y me encargo de que tengan peores castigos que los que le dieron al supuesto hijo de dios ÂżMe escucharon?
A primera hora el lunes a las ocho, no tienen hora de salida, pasan al departamento de nĂłmina y le piden al encargado que les entregue los sobres que deje para ustedes. Tu gordo, te quitas esa facha de vendedor de autos de los ochentas y te vistes como debes, como un hombre de negocios y tu señorita, te quitas esa facha de puta de bar que eso de dar las nalgas por un trabajito se acabó…Ahora seduces al dinero, no a los hombres ÂżEntendiste? Ahora lárguense los dos, tĂłmense el fin de semana libre, eso sĂ…si declinan mi oferta, jamás vuelvan a pararse en esta ciudad-
El silencio de nuestras almas heridas era suficiente, Kandy y yo salimos de la oficina sin decir nada mientras caminamos por el pasillo tratando de reincorporar nuestros egos. ÂżAcababa de escuchar una propuesta frĂa y despiadada para volverme rico? ÂżHabĂa sido invitado a hacer una ilegalidad? ÂżHabĂa sido simplemente humillado por un hombre tremendamente millonario? Todas esas preguntas golpeaban mi cabeza mientras que Kandy se recargĂł en un uno de los muros y dijo
—Oye…-
Acercándome a ella la mire aún aturdido y recargue mi mano en el muro para escucharla
—¿Qué pasa?-
-ÂżNo crees que deberĂamos…? –
Justo antes de que Kandy termine me adelanto responder —No lo se…Sinceramente tengo que pensarlo un poco ¿No te parece un tanto extraño?-
Kandy gira los ojos y dándome un par de palmaditas en la mejilla responde
—Eso no taradito, que si no crees que deberĂamos apresurarnos, los de nĂłmina se van media hora antes que nosotros, vamos a ver quĂ© es lo que nos dejĂł, ya luego tenemos tiempo para pensar-
Kandy contrario a lo que habĂa pensado, estaba muchĂsimo más fresca que yo, incluso parecĂa alegre por lo que acababa de suceder, no era que yo despreciara el dinero era simplemente que de desconocer lo que tenĂa que hacer no me fiaba mucho de dar el siguiente paso, sin embargo, por ver no se paga.
Avanzamos en silencio hasta el departamento de nómina y una mujer ya nos esperaba en la puerta con una mirada un tanto resentida nos entregó un sobre tamaño carta y nos pidió que lo abriéramos en nuestros domicilios.
Desde luego que no lo hicimos y dirigiéndonos a mi oficina cerré la puerta con el pasador y Kandy yo nos sentamos sobre mi enclenque escritorio hecho de madera comprimida.
Dentro de mi sobre habĂa una hoja blanca con un texto en el centro escrito con máquina de escribir
“Desde hoy su vida es mĂa”
Al fondo del sobre estaba un cheque, lo saque nervioso de observar la cantidad que tendrĂa sin embargo una vez la leĂ no pude evitar reĂr mientras Kandy me miraba confusa
-ÂżDe quĂ© te rĂes tonto?-
VeĂa incrĂ©dulo la cantidad reflejada en el cheque y antes de responder a Kandy mire su sobre y pregunte
-¿Qué dice tu hoja?-
Kandy me la entrega llena de confusiĂłn y yo vuelvo a reĂr más, el hombre estaba totalmente desquiciado. SabĂa lo que hacĂa, sabĂa con quienes estaba jugando y sabĂa que nos tenĂa por el cuello. La hoja de Kandy solo tenĂa una operaciĂłn aritmĂ©tica entrecomillada.
“7^70”
-ÂżDe quĂ© te rĂes Joshua me estas asustando?- Dice Kandy preocupada
Ambos cheques, los de Kandy tanto como el mĂo tenĂan un fragmento del resultado de elevar siete setenta veces. Era el mismo nĂşmero que me habĂa entregado para que resolviera en su oficina, solo dejaba en claro algo, para Ă©l nosotros Ă©ramos su juguete, su nuevo y poderoso juguete.
Nos habĂa entregado a ambos varios millones, suficientes no solo para cambiar nuestro guardarropa si no para incluso cambiar mi modesta vivienda y mi forma de alimentarme, era suficiente dinero para incluso poder huir del paĂs y no volver a tener que sufrir hambre, pero por igual era un juego. Era un juego de lealtad, era la primera y más grande prueba de que sabĂa con quienes estaba fraguando su nuevo y poderoso plan.
—El número…es…es el resultado, es la misma cantidad que me entrego en su oficina…Era una prueba…-
Kandy negó con el rostro varias veces y mirándome asustada responde mientras sujeta el cheque temblando
—¿Eres un genio? ¿Ósea…Como sabes que es este número? No jodas Josh…¿Ya viste cuanto es esto? Con esto compro como mil botellas de la champaña más cara…o una bolsa de diseñador…Zapatos…-
Supongo que entre hombre y mujeres hay prioridades, pero yo lo Ăşnico que miraba era la punta de un iceberg, uno peligroso y lleno de dinero, un hombre habĂa puesto sus ojos sobre nosotros dos para los peores deseos que quizá nadie debiera tener y habĂa encontrado a su pareja ideal, un hombre indiferente a la sociedad y una mujer indiferente a los sentimientos de los demás.
Kandy y yo nos quedarĂamos en silencio una hora o más cada uno pensando en lo que pensábamos era la promesa de un sueño. Ambos salimos y como si nos tratáramos de criminales en fuga decidimos compartir un taxi para asegurarnos que no nos robaran nuestro más preciado tesoro.
Nunca imaginĂ© que Kandy viviera en el lugar que vivĂa. Eran las orillas de Mirabille, las colonias pobres, muy cerca de los tiraderos de basura, no era como que tuviera muy buena nociĂłn de la ciudad desde que no era más que un pueblerino inmigrante que buscaba un sitio mejor para vivir pero conocĂa los rumores de estos lugares, incluso el conductor del taxi se miraba desconfiado pero una vez dejamos a Kandy volvĂ a mi modesto departamento y me recostĂ© en la cama mientras miraba el cheque más grande que habĂa tenido toda mi vida.
—NO JODAS JOSHUA SAVINTO “BOCINITA”- Dice Johnny con un marcado acento.
—No te estoy jodiendo y ya te dije que dejes de decirme bocinita, te voy a partir los dientes si me vuelves a llamar bocinita-
—Pero…¿Por quĂ© no me habĂas contado de eso amiga? ¿Ósea que estas forrada de billetes? ÂżCuánto dinero tienes? Porque para comenzar dĂ©jame decirte que a donde me enviaste con tu amigo el raro ese no me dio ni una moneda, me dijo que tenĂa que hablar contigo primero ÂżPor quĂ© no me habĂas contado nada?-
—El dinero que más da Johnny…De haber sabido que esa propuesta me iba a traer problemas…Quizá la hubiera aceptado igual pero con algunas otras condiciones…Ya te imaginas que como todo en esta vida, no era un camino lleno de arcoĂris… Además ÂżQuĂ© esperabas que te dijera? Amigo mi jefe me acaba de proponerme un negocio extraño y me aventĂł un montĂłn de billetes para que dejara de parecer un pusilánime…-
—Ay pues si amiga obviamente…Que descortesĂa y tĂş que luego estas de llorona y no quieres dejar propina en el maldito restaurante de hamburguesas…DĂscola-
—No obviamente no idiota, con trabajos podĂa mantenerme en mis cinco sentidos sin querer salir en calzoncillos a gritar en la calle que era millonario. En primer lugar, tenĂa por lo menos unos dĂas para organizar mis ideas y en segunda avisarle a mi abuela que mi vida iba a cambiar un poco, tampoco era que fuera a llegar de la nada conduciendo un auto de lujo sin que me pregunte en que andaba metido…Debieras haber visto su rostro cuando ese fin de semana le lleve un televisor nuevo y un tostador, casi le da un infarto y me pide explicaciĂłn de donde habĂa comprado eso-
—Ay pues obvio amiga si tu pobre abuela tostaba el pan en la estufa claro que me acuerdo…Pero entonces Âżle contaste a tu abuela de que iba todo eso? –
—No desde luego que no, le contĂ© que me habĂan ascendido en el trabajo y que me habĂan dado un bono por productividad y le habĂa podido comprar todo eso, ya sabes que allá en el pueblo no hay nada de esas cosas-
—Ay amiga…Eres una loca. Pero vuelvo a insistir, no sé si eres pendejo o nada más finges. ¿Qué mierdas tiene eso que ver con que mataras a la puta del bar? Conste que asà la llamo tu jefe no yo-
—Me vuelves a hacer esa pregunta y les digo a los traficantes de droga que tu mataste al tal Packie, Âżentendiste? –
—Ay que hostil…siempre tan negativa, ya ándale cuéntame toda tu paja…-
Bueno, un detalle que se me escapaba era que en el taxi Kandy me habĂa proporcionado su nĂşmero telefĂłnico de su casa, si te soy honesto en lo Ăşltimo que pensĂ© fue en llamarle, pero por cortesĂa le entreguĂ© tambiĂ©n el mĂo.
Ese viernes tratando de mantenerme al margen fui a comprarme un par de trajes de calidad mediana y unos cuantos zapatos, yo no tenĂa ni idea de que comprar, mi abuela solĂa comprarme mi ropa y más por una cuestiĂłn de que era un imbĂ©cil y de que me habĂa asegurado que eso de usas calcetas blancas con zapatos de color oscuro ya habĂa pasado de moda.
Para las siete u ocho de la noche me encontraba leyendo algunos comics y pensando en que tal vez si me cortaba el cabello como mi personaje favorito de los comics me podrĂa ver bien, aunque era un corte un tanto atrevido seguramente a cualquiera que conociera del cĂłmic de El hĂ©roe de las leyendas me considerarĂa más cool.
Quizá de no haber sido porque tenĂa pereza de mirar pornografĂa mi telĂ©fono hubiera estado ocupado por la conexiĂłn a internet pero curiosamente resonĂł un par de veces y dado que solo mi abuela y Kandy tenĂan mi nĂşmero decidĂ responder pensando en que podrĂa ser una emergencia de mi abuela.
—¿Siempre tardas tanto en contestar?- Dice Kandy con un tono burlón
—No, normalmente no contesto, más cuando se tratan de ventas por teléfono asà que sea lo que sea que me va a vender no me interesa señorita, gracias- Respondà intentando ser sarcástico
—Ay que amargado…¿cómo vas?-
—¿cómo voy de qué?-
—Pues con tu cambio de imagen, mira que tu si lo necesitas, yo porque me gusta ser modesta y no uso ropa cara pero si pudiera la usarĂa…-
Era mentira, habĂa visto a Kandy repetir varias de sus ropas en la misma semana y las suelas de sus zapatos pese a mantenerlos en buena condiciĂłn se veĂan bastante gastadas al igual que sus bolsos de mano.
—¿Ah, si? Discúlpeme señorita modestia…Y pues pese a que no te concierna un poco, ya compré algunas cosas-
—Y seguro elegiste cosas nefastas… Es más te aseguro que no puedes ni decirme tres marcas de ropa elegantes para hombre, ¿Te compraste una colonia? ¿Corbatas? ¿Mancuernillas? ¿Pañuelos? No ¿verdad?-
Me habĂa tapado la boca con toda razĂłn, no habĂa comprado nada de lo que habĂa mencionado asĂ que, solo manteniendo un incĂłmodo silencio, espere Kandy respondiera algo más.
—¿Y luego?-
—No lo se, tu fuiste la que llamó…¿Qué se le ofrece a la señorita Kandy-
—Ah cierto, eh…¿Tienes planes para mañana o en general para el fin de semana?-
—Si, tengo que ir a visitar a mi abuela-
Temà que mi respuesta fuera ser objeto de burlas, pero contrario a lo que pensé Kandy se quedó en silencio un instante y luego respondió
—¿QuĂ© dĂa tienes que visitarla?-
—No lo sĂ© en realidad no habĂa pensado en ninguno en especĂfico, ÂżQuĂ© tramas?-
—Ay…mira nos vemos en el distrito comercial mañana a las 10:00 ¿Te parece? Te invito el desayuno y te ayudo a comprar cosas que de verdad te sirvan y no lo que sea que hayas comprado y en la tarde vamos a una fiesta-
—¿Kandy Frenezeco ofreciendo ayuda? ÂżQuĂ© interĂ©s tienes? –
—Si te vas a poner asĂ olvĂdalo cerebrito-
—Bueno ya… ÂżA las diez? Frente al tranvĂa, asĂ no habrá mucha forma de perdernos, te espero bajo el reloj de la estaciĂłn-
—Hecho, me voy por que ya me están esperando, cuĂdate no bebas mucho, ¡Besitos!-
ÂżBesitos? La conversaciĂłn telefĂłnica habĂa sido tan extraña que no respondĂ y tan solo colguĂ© el telĂ©fono. Esa noche no dormirĂa mucho pensando en lo que estarĂa tramando Kandy.
—Y ahà es donde las cosas se jodieron ¿Verdad amiga?- Dice Johnny quien se mueve cada dos o tres minutos debido a la incomodidad
—No, en realidad no, prometo ser más breve pero es que necesito que entiendas un par de cosas si vas a ser mi abogado…Hay mucho silencio del otro lado de la puerta ¿No lo crees, crees que estamos solos?-
—No se amiga, eso ni me preocupa-
—¿Cómo no te preocupa? Hare algo no muy inteligente pero creo que será por nuestro bien…Asà que prepárate para en todo caso recibir un par de patadas-
Antes de que Johnny responda algo más me arrastro hasta la puerta y con toda mi voluntad me lanzo un par de veces a esta para después gritar
—¡Oigan! ¡Tenemos hambre y sed!-
Si demandaba su atenciĂłn con un par de caprichos seguro que vendrĂan molestos a taparme la boca con sus puños o algo peor, pero al menos asi me asegurarĂa de que tan resguardados estábamos.
GritarĂa un par de veces más sin respuesta y justo cuando estaba a punto de hacerlo una Ăşltima vez Johnny me grita
—¡Ay ya basta, no hay nadie! Deja de decir que tienes hambre porque yo si me estoy muriendo de hambre-
Me deje caer tras la puerta y suspirĂ© aliviado, al menos por ahora estábamos solos, habrĂan pasado ya varias horas desde que se fueron y pese a que los dolores en mi cuerpo se volvĂan a manifestar lentamente, mi cuerpo aliviĂł un poco la tensiĂłn y recostándome en el piso frio me quede observando el techo del lugar.
—¿Y luego? Âżsi se vieron o que paso? – Dice Johnny con desgane
-Si…Aunque, las cosas no sucedieron exactamente como acordamos-
Me gustaba ser puntual en mis horarios sin embargo a Kandy parecĂa que no y me tuvo cual estĂşpido dos horas y treinta y siete minutos bajo el reloj hasta que se dignara aparecer con esa calma y desinterĂ©s que le caracterizaba.
—Ay perdón…¿Te importa si vamos a comer algo? Este dolor de cabeza me está matando-
El aliento de Kandy aĂşn emanaba alcohol, habĂa estado bebiendo fuertemente y la resaca la estarĂa matando asĂ que tragándome mi molestia le respondĂ que sĂ. IrĂamos al centro comercial nuevo que estaba a un par de calles mientras Kandy no paraba de quejarse y tambalearse un par de veces. Ella eligiĂł el restaurante y una vez ordenamos Kandy me pidiĂł un momento para ir al sanitario.
Mirar esas caderas prominentes balancearse en esos ajustados jeans de color blanco y esa blusa color limĂłn era algo agradable a la vista no lo iba a negar sin embargo estaba más preocupado por lo que ella fuera a proponerme o sugerirme además que seguĂa teniendo esa extraña tensiĂłn al estar a su lado.
Apenas tardarĂa un par de minutos cuando regreso totalmente cambiada, su caminar era seguro y alegre y mientras podĂa ver como pasaba su lengua por sus dientes frontales volviĂł a sentarse frente a mĂ y sonreĂr
—¿Y luego amigo? ÂżQuĂ© me vas a contar? –
ÂżQuĂ© carajos? De un instante a otro habĂa cambiado, se habĂa repuesto como por arte de magia y confuso ante su transformaciĂłn respondĂ
—Eh…¿Estas bien?-
—Si, todo bien todo perfecto, ganando como siempre-
Su frase arrogante era más enfermiza aún que su comportamiento, sin embargo, mirándola ella decide guiar la conversación.
—Escucha Josh…Todo esto está un tanto extraño ¿no lo crees?-
—¿En verdad te parece? Yo creo que es muy normal que tu jefe te suelte unos cuantos millones antes de trabajar en un proyecto-
—No eres nada gracioso cerebrito, estoy hablando en serio ¿Qué te imaginas lo que intenta este hombre?-
—Pues…seguramente algo ilĂcito, bien dice el dicho que detrás de todo enriquecimiento hay algo ilĂcito asĂ que seguramente nos pondrá a hacer alguna operaciĂłn financiera con algo oscuro-
—Me intriga un poco…sin embargo yo creo que tu sabes más de eso, pero la razón por la que te llamé es una más interesante-
Tras decir esto Kandy dio un par de tragos al vaso con jugo de zanahoria que habĂa ordenado y noto como ha dejado su labial impregnado en este.
—Ah si ¿De que se trata?-
—Pues de sacarle mayor provecho a esto…Se nota que no has vivido en el mundo real cerebrito, ese hombre en cuanto pueda nos va a meter una bala entre las orejas y se va a ir abanicándose con sus montones de billetes-
—Si puede que tengas razón, pero ¿Que se te ocurre para salir de esto? Tampoco es como que podamos regresarle el dinero y fingir que nada paso…-
—Ahà es donde tú entras en juego cerebrito, mira tengo una idea. Yo voy a pensar en una idea para lograr escapar bien forrados de billetes y tu haz las cuentas para el mejor momento de salir huyendo y a donde-
No estaba muy de acuerdo, con ese tipo de personas no se juega, si huĂamos lo más probable es que nos encontrarĂan, aĂşn si lo inculpábamos y lográbamos meterlo a prisiĂłn antes de que nos matara el encontrarĂa la forma de vengarse, era un hecho.
—No…Mejor los dos pensamos en un plan detallado y conforme pase el tiempo lo compartimos cada uno y los fusionamos en algo funcional ÂżComprendes? –
—Tu eres el que sabe…Mira, vamos a desayunar que me muero de hambre y despuĂ©s vamos por tus ropas…una pregunta ÂżPor quĂ© visitarás a tu abuela? ÂżEstá enferma acaso? –
Su pregunta me asaltĂł más aun, dada la personalidad de Kandy sabĂa que no se preocuparĂa por mĂ en lo absoluto, pero podĂa notar alguna extraña sinceridad en sus palabras y su mirada, era como si su pregunta fuera genuina y profunda. Por un instante me mantuve en silencio mientras comĂa el trozo de filete con papas que habĂa ordenado y tomando valor decidĂ responder.
—Si te burlas de esto prometo que le diré al señor Raziel que te fugaras con su dinero ¿entendiste?-
—Ya cuéntame zopenco-
—Verás…Yo crecĂ con mi abuela desde muy joven, mis padres murieron en un accidente y pues es como una madre para mĂ, solo que vive en un pueblo remotamente alejado a las faldas del volcán Koleros asĂ que no puedo visitarla entre semana…-
Kandy abrĂa sus ojos enormemente mientras relataba y limpiando su boca con delicadeza me responde
—¿cómo se llama tu abuela?-
ÂżPara quĂ© querĂa saber su nombre? Esto era más extraño aĂşn, pero más valĂa no retardar mis respuestas si querĂa conocer lo que Kandy pensaba —Selene. Selene Rubalcaba –
-Curioso nombre…nunca lo habĂa escuchado. ÂżSabes? Yo tambiĂ©n vivo con mi abuela…Mi abuela dice que mi mamá y mi papá tambiĂ©n murieron pero yo sĂ© la verdad, mi madre era una inmigrante de Cuba que conociĂł a mi padre en un bar mientras era mesera o algo asĂ, supongo que no le salieron bien las cuentas de su periodo menstrual o era muy tonta y no usaba anticonceptivos asĂ que cuando nacĂ mi madre me abandonĂł con mi abuela paterna y desde entonces no sĂ© dĂłnde se encuentra…Pero la verdad nunca me ha hecho falta, mi abuela siempre me ha dado todo lo que he querido y yo la quiero mucho, de hecho…Esto es algo que solo sabrás tĂş, pero aĂşn vivo con ella-
ÂżQuĂ© habĂa de malo en que viviera con su abuela? No me parecĂa algo de avergonzarse, pero si deseaba tanto que fuera un secreto no tenĂa inconveniente en que asĂ fuera.
—¿Y cómo se llama tu abuela?- Respondà intentando ser considerado
—Altagracia Stormo, su apellido significa tormenta de hielo, dice que su apellido es muy antiguo, que fue de los primeros apellidos de los fundadores de Mirabille-
—Eso es interesante…Y curioso a la vez, creo que esto fue alguna clase de destino ¿No lo crees? No hay muchas formas de que dos personas terminen conociéndose con circunstancias parecidas- Respondà lleno de curiosidad
-NO- Dice Kandy al instante
Pareciera molesta por lo que acababa de responder, pero no comprendĂa por que
—¿A que te refieres? Âżdije algo que te molesto? No pretendĂa burlarme ni nada por el estilo…-
—No. Simplemente me irrita que la gente hable del destino, dios y todas esas cosas…Para mis las cosas solo pasan por que tienen que pasar, no hay nada más detrás de eso-
Un pensamiento un tanto radical, pero debo decir que me llamo demasiado la atenciĂłn, Kandy no era tan estĂşpida como pareciera en un principio, sino que guardaba su inteligencia para las circunstancias realmente merecedoras, por un instante me sentĂ privilegiado de poder conocer algo de ella.
Nuestra conversaciĂłn continuarĂa sin gran trascendencia y despuĂ©s de obligarme a pagar la cuenta avanzamos al centro comercial para comprar mis ropas. Tal como lo habĂa dicho Kandy, no tenĂa ni idea de lo que eran marcas de prestigio, me sentĂa abrumado y un tanto incomodo al entrar a las tiendas mientras por cierta lĂłgica debido a mis vestimentas los vendedores se mostraban renuentes a atendernos, pero una vez Kandy se ponĂa al mando las cosas cambiaban y mientras coqueteaba levemente con los vendedores me elegĂa lo adecuado desde los calcetines hasta el color de los pañuelos que debĂa portar. ComprarĂamos una cantidad exagerada de ropa y zapatos que curiosamente Kandy logrĂł negociar para que la llevaran a mi apartamento debido al elevado inventario que habĂamos adquirido.
Una vez terminamos Kandy me señalĂł ir al parque cercano al centro comercial y que estaba frente a una de las capillas más antiguas de la ciudad. Una vez allĂ Kandy sin pudor alguno saco ambos pies de sus zapatillas y estirando sus piernas se recargo con total soltura en la banca. Sus curiosos pies morenos tenĂan las uñas hábilmente pintadas de un color rosa pastel. Debido a mi obviedad Kandy me dice
—¿QuĂ©? ÂżNunca habĂas visto unos pies de una mujer? Porque ya me doy cuenta que tienes cero experiencias con las mujeres. No me digas que eres de esos enfermos que le gusta lamerles los pies a las mujeres y que les hagan cosas extrañas…Que asco Joshua-
—¡Hey calma! ¡Jamás he dicho que me gusta nada de eso! Era solo que me pareció curioso el color del esmalte de tus uñas eso es todo… ¿Y tu qué sabes de mi experiencia con las mujeres? Por si no lo sabes yo era muy popular en mi pueblo natal…-
—Ay si…Tu pueblito en medio de la nada, cĂłmo no ibas a ser popular si a la mejor ni niñas habĂan- Tras decir esto comenzĂł a reĂr.
TenĂa razĂłn, en el pueblo no llegábamos ni a ochenta personas y la cantidad de niños era tan pequeña que toda nuestra educaciĂłn desde la primaria hasta el bachillerato los recibimos en la misma escuela y con los mismos profesores. Nunca habĂa tenido oportunidad de convivir con una mujer en un aspecto amoroso y la verdad es que junto a Johnny habĂa encontrado siempre la suficiente compañĂa, junto a Ă©l leĂ el primer comic de El hĂ©roe de las leyendas y junto a Ă©l vine por primera vez a una convenciĂłn en Mirabille cuando Ă©ramos apenas unos adolescentes asĂ que no tenĂa más opciĂłn que callar y dar una respuesta más astuta.
—Además ¿A ti qué más da si tengo o no tengo experiencia con las mujeres? Yo no digo nada de que eres una devora hombres…-
—Si, la verdad yo sĂ, no los cuento, pero realmente no desaprovecho la oportunidad de conocer a algĂşn chico nuevo, como te darás cuenta no me hace falta buscarlos, solos llegan-
—¿En serio? – RespondĂ un tanto desconcertado
—Ay pues si querido, si ambos tenemos lo que queremos para que fingir, a mĂ me gustan los hombres y yo les gusto a ellos, si nos embriagamos y luego follamos apasionadamente y al siguiente dĂa nos despedimos no le veo lo malo, eso sĂ, nada de ruletas rusas, todo con condĂłn-
—Si…Entiendo…-
La realidad es que no entendĂa ni un carajo, pero las palabras de Kandy eran tan frĂas como el apellido de su abuela. Era una mujer que sin miedo se decĂa fácil y además estaba conforme con serlo.
DespuĂ©s de varios minutos Kandy decidiĂł que era momento de irnos y contrario a la vez anterior ella decidiĂł tomar su propio taxi y yo el mĂo con la promesa de que me llamarĂa para ir a aquella fiesta que me habĂa comentado.
Yo estaba en un shock emocional, nunca habĂa conocido a alguien como Kandy, no era mala, la maldad no era una definiciĂłn que fuera acorde con su personalidad, sin embargo, era frĂa, en sus palabras la Ăşnica vez que habĂa encontrado calidez era cuando hablaba de su abuela, sin embargo, ni si quiera podrĂa asegurarlo.
RegresĂ© a mi apartamento y para mi sorpresa pocos minutos despuĂ©s llegarĂa todo mi nuevo atuendo, con diligencia lo estirĂ© y coloque en mi pobre y básico ropero que se veĂa ridĂculo respecto contra el lujo que alojaba.
Eran las 15:26 cuando volvĂ; Kandy habĂa acordado llamarme entre las siete y las ocho treinta asĂ que tenĂa un tanto tiempo de sobra y con todo el dinero del mundo a mi disposiciĂłn hice lo que tanto habĂa anhelado hacer.
—Ay vas a contarme una de tus estupideces en las que gastaste el dinero, no ni quiero saber Joshua- Dice Johnny fastidiado
—Te lo voy a decir solo para que te mueras de envidia. Fui y comprĂ© los primeros veinte tomos de El hĂ©roe de las leyendas, ya sabes esos que se suponĂa solo estaban de exhibiciĂłn en la tienda de comics de Mirabille. Pues no hay nada que un cuarto de millĂłn de Miralios no pueda comprar-
Johnny se queda estupefacto y cual si perdiera la razón comienza a rodar de un lado al otro mientras dice una y otra vez —¡Pero como eres pendejo! ¡¿Por qué?!-
He de decirlo fue uno de los momentos más felices de mi vida, para mis esos veinte tomos valĂan más que todo mi guardarropa nuevo y lujoso, más que todo el dinero que hubiera podido guardar en el mundo, eran lo que más habĂa anhelado, eran tan invaluables que incluso me los habĂan entregado sellados al vacĂo para preservar la calidad el papel.
—Joshua, déjame decirte algo, si no te matan esos narcotraficantes o el sistema judicial de Mirabille por lo que sea que hayas hecho, te prometo que te voy a arrancar la cabeza yo…Eres un imbécil. Idiota. Esos comics ni si quiera valen esa cantidad…¿Qué diablos estabas pensando?-
Amigo tengo que decirte algo, esto de estar relatando me tiene exhausto, de hecho, toda esta situaciĂłn me tiene bastante agotado, ya que tienes tanta energĂa para estar rodando Âżte parece si montamos turnos y duermo un rato ahora y despuĂ©s tu?
—Si,si,si… Ya duĂ©rmete que si me sigues contando tus idioteces juro que me va a dar un infarto Joshua, en serio que no lo puedo creer un cuarto de millĂłn…Y a mĂ cobrándome los veinte miralios que me prestaste cuando tenĂamos diecisiete años…un puto cuarto de millĂłn…Pendejo, no me voy a cansar de decĂrtelo…Ay…no lo puedo creer…





























